Tengo una SABOTEADORA dentro de mí

Gina Tager | Viernes, 26 Mayo 2017.

Imagen tomada de internet

Tengo una SABOTEADORA dentro de mí.

Hoy, miembro importante de la que llamo Mi Tribu. Ese grupo de distintas “Ginas” que habitan mi interior y dan los matices a la que soy.

Mi SABOTEADORA es una de las que activa ese malestar general, la que me hace sentir incómoda, me tensa el cuello, me pone ansiosa, incluso me llega a cerrar un poco el estómago.

También es la que sintoniza, en mi propia estación de radio, el programa del prejuicio y la crítica, especialmente la autocrítica.

Aquella que se encarga de decirme, una y otra vez, que pude haber hecho mejor las cosas. Que el resultado obviamente no será el que yo esperaba y, sobre todo que “deje de hacerme ilusiones” que al final no valgo tanto y debería de saberlo bien.

Me costó mucho trabajo y muchos años dar con ella, saber que existía, entender su mensaje y aún más poder apreciar su función.

Antes de eso, simplemente me resignaba a pesar que tenía algún tipo de problema emocional con el que iba a “tener que aprender a vivir”. Me volví una experta en la “cara de póker” y guardé todo esto para mis adentros.

¿Qué otra cosa haces cuando no entiendes el por qué de la necesidad de atacarte constantemente?

¿Cuándo no entiendes de dónde viene esa sensación de incomodidad contigo misma, malestar físico y ansiedad constante?

¿Es raro entonces que eso lo reflejara en la comida?

El día que mi SABOTEADORA y yo fuimos presentadas, fue como si una parte de mí encajara en mi desordenado rompecabezas. Fue como verme a mí misma al espejo y aun así sentir que me veía por primera vez.

Fue una “plática” difícil, con un toque de miedo y a la vez una rica sensación familiar. Por fin conocía de dónde venía todo esto.

Me han tomado, y aún sigo, muchas “pláticas” poder llegar a conocer a este peculiar personaje de Mi Tribu, para poder entender el regalo que me ofrece cada vez que sale.

De entrada, entiendo cada día más cómo es que viene a mí cuando cree que necesita protegerme. Fue ella la que todos estos años me mantuvo “a raya” para evitar que hiciera alguna tontería, para salvarme del ridículo y para disminuir la posibilidad de críticas externas (con el nivel de autocrítica que manejaba, más el peso que le daba a cualquier crítica externa, se entiende y se agradece de alguna manera).

Es ella la que me hablaba al oído para comer el alimento prohibido del día ya que “sabía” que el riesgo al fracaso era altísimo y quería evitar que me ilusionara una vez más.

De la misma manera, fue la misma que me hizo caer del caballo tantas veces cuando comencé el camino de confiar en mí misma y en mi cuerpo. Su trabajo había sido siempre cuidarme, ¿cómo se me ocurría pensar que podía comenzar a confiar en mí misma? Su trabajo era claro.

¿Lo hizo para dañarme? No, en lo absoluto.

Lo hizo porque creía que era lo mejor para mí. Lo hizo porque ella reacciona en la medida en la que desconfío de mí misma… aún hoy, sale para recordarme cuando comienzo a desviarme de mi centro.

Y, si bien es un miembro de Mi Tribu que genera incomodidad, se ha convertido en uno bienvenido, querido, escuchado y con una finalidad muy clara.

Me ayuda a identificar que tengo miedo, y qué lo ocasiona. Me ayuda a ver que necesito reforzar mis defensas y poner en claro dónde reside el valor que le doy a mi vida.

Porque es normal que nos desviemos, porque no existe el “estado perfecto” donde no tendremos que trabajar en nosotros mismos y sepamos todas las respuestas. Porque viene a recordarnos que la vida es un proceso y hay que darle la bienvenida a las altas y a las bajas.

Cuando hablo de mi “antes y después” no es mi intención aparentar que las cosas son perfectas, que no existen lo problemas o que la vida se vuelve fácil.

Al contrario, creo que a mayor conocimiento de uno mismo y a mayor consciencia de cómo caminamos este camino llamado Vida, los “problemas” son más aparentes, es más difícil tratar de ignorarlos.

Sin embargo, cuando nos damos la oportunidad de entender, de ser curiosos, de buscar el tesoro escondido en cada uno de los baches, LAS COSAS TOMAN SENTIDO. Y es ese sentido el que nos permite disfrutar el viaje, saber que de todos modos llegaremos al destino porque el verdadero valor está en aprender de cada paso, NO EN LLEGAR LO ANTES POSIBLE.

Porque cuando reamente lleguemos a la meta, el viaje se termina…

Esa es mi SABOTEADORA, la que me hace sentir incómoda para volver a entender las reglas del juego.

La diferencia es que en vez de resistirme a ella hoy le doy la bienvenida, recibo su mensaje y así permito que algún otro miembro de mi hermosa, variada y peculiar Tribu, tome el papel principal.

¿Conoces a tus distintas facetas?

¿Las dejas salir?

¿Le das espacio e importancia a la diversidad de tu SER?

¿Quién eres en este momento?

conócete ~ ámate ~ aliméntate

 

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